El auto avanza con suavidad por las calles de Zúrich, pero mi mente sigue dando vueltas a lo que acaba de ocurrir en el restaurante. Cassian está al volante, y aunque su actitud sigue siendo la misma, esa mirada que me dedica cada tanto, esa leve sonrisa, me hace sentir como si fuéramos dos extraños atrapados en una misma historia. La ciudad parece envolvernos en su tranquilidad mientras el paisaje del lago queda detrás de nosotros, como una pintura perfecta.
Siento el peso del anillo en mi de