Perspectiva de Edward Valmont
Son más de las cuatro. El reloj digital sobre el escritorio cambia los minutos con una lentitud exasperante. Miro la pantalla del móvil por cuarta vez, sin notificaciones nuevas. Ningún mensaje. Ninguna llamada.
Cassian Harrington se fue hace horas sin decirme nada. Solo recibió esa llamada urgente y salió de forma abrupta. Sin decir una sola palabra sobre lo que había venido a decirme. Me cruzo de brazos pensando que si era tan importante, habría insistido. Habría