El plan estaba saliendo a la perfección, Griselda estaba por enloquecer, a donde sea que fuera veía a esa rubia por todas partes. ¿Por qué sentía que la estaba asechando? ¿Por qué no la dejaba en paz? ¿Por qué tenía ella tanto miedo a que Chely se apareciera de la nada? ¿Por qué la ve en cada mujer rubia que se le pasa por el lado? Está desquiciada.
―Román, debemos irnos ―Griselda miró a su mano derecha―, le he prometido a mi hijo llevarlo al parque y no puedo romper mi promesa ―El hombre asin