Alicia:
Cuando al fin me dormí, lo hice de una manera tan profunda que no me desperté hasta pasada la media mañana. Me pesaban los ojos y no quería abrirlos. Extendí mis brazos para desperezarme y escuché la voz ronca de Luka
‒ Buenos días, bella durmiente
Me senté en la cama de golpe, él salía del baño, secándose el cabello con una toalla y vestido sólo de la cadera para abajo con un jean. Lo miré de pies a cabeza, era un espectáculo.
‒ Buenos días, Luka
‒ ¡Ah, disculpa!, ya me cubro
Y corrió