El viejo bote de madera se mecía lentamente hacia el centro del reservorio mientras Faustino remaba con fuerza. Las olas agitadas hacían que el bote destartalado se balanceara peligrosamente.
—El bote es muy pequeño, apenas caben dos personas —dijo Daniel, el policía veterano, frunciendo el ceño.
—Era el bote de pesca de Manolo del pueblo. Desde que murió, ha estado abandonado ahí.
—Es bueno que al menos quepan dos personas —dijo Faustino mirando con preocupación los agujeros en el bote de mader