Pensando en todo esto, Faustino bajó rápidamente las escaleras. En la base de la escalera, Rosalba estaba esperándolo con una expresión de gran preocupación.
—Señorita Torres, regresemos a casa ya —dijo mientras agarraba la mano de Rosalba y la llevaba con rapidez hacia la puerta.
—¿Qué pasa contigo, tonto? ¿Tan desesperado estás por las mujeres?
Rosalba, muy enojada, le pellizcó el brazo a Faustino. Había escuchado todo lo que sucedió arriba, pero no podía subir, así que solo pudo esperar basta