—Pensaba arreglar cuentas con ellos después del cumpleaños de mi abuelo, pero ya que se atreven a venir a mi casa... ¡definitivamente no los dejaré escapar!
Resultó que Lorenzo era nada menos que el nieto de Salvador. Cubriéndose el diente recién arreglado, que aún le dolía, miraba con profundo odio las siluetas de Faustino y Larisa mientras se alejaban.
—Sí, buscaremos la oportunidad para darle una buena lección. ¡Maldita sea, no podemos dejar que se escape! —masculló uno de los jóvenes, con la