—Sí, sí, qué cabeza la mía. Federico beberá solo.
Federico sentía como si estuviera viviendo en un sueño.
Todo su cuerpo flotaba de la emoción.
Ya no había vuelta atrás, y Larisa no podía decir mucho más.
Pero en su corazón pensaba sin poder evitarlo:
Faustino era demasiado bueno con ella, estar con él no era en absoluto un error.
Después de terminar la comida,
Faustino llamó al camarero, preguntó por los mejores complejos residenciales cerca del distrito escolar, y luego condujo hacia allí.
—Vi