Fuera de la sala VVIP, más de diez guardaespaldas profesionales con salarios millonarios custodiaban la entrada.
Todo el ambiente reflejaba su estatus excepcional y su asombrosa riqueza.
No era de extrañar que las seis hermosas bailarinas, normalmente altivas, exhibieran desinhibidamente sus encantos sin poder apartar la mirada. Un solo encuentro con estos jóvenes podría cambiar su destino.
Entre los cuatro jóvenes, uno de unos veinte años, con reloj de lujo, rostro alargado, nariz aguileña y la