Cuando Faustino regresó con la medicina, Daniela, sonrojada, le contó en voz baja sobre el asunto.
—Faustino, mi padre va a venir, dice que quiere conocerte.
—¿Ah, conocerme? —Faustino se quedó visiblemente perplejo.
—Sí, quiere evaluarte. Si le agradas, podremos estar juntos.
Daniela no apartó los ojos de Faustino mientras hablaba.
—Eso... eso es maravilloso —respondió Faustino con una sonrisa algo forzada.
—Faustino, pareces no estar muy contento, ¿acaso no quieres estar conmigo?
El corazón de