Viendo la confianza de Daniela, Rafael, con dudas, seleccionó tres de las piedras de jade más pequeñas que Faustino había examinado para que las cortaran. Por un lado, la seguridad de Daniela despertó su curiosidad; por otro, temía que Daniela fuera engañada.
—Rafael, espera, ¡vamos contigo!
Algunos trabajadores, también entusiasmados, los siguieron. Pero apenas habían salido cuando el teléfono de Daniela volvió a sonar.
—Daniela, soy tu tío Alexander.
Alexander llamó, su voz sonaba cansada y ar