Yeison había perdido completamente su anterior actitud de desprecio; ahora solo deseaba no perder la apuesta.
—Está bien, está bien —se consolaba—. Si Fidel lo dice, seguro que no hay problema.
Fiona, con dos bofetadas marcadas y el rostro sombrío, permanecía silenciosa junto a Yeison. Su anterior arrogancia había desaparecido por completo. Solo pudo descargar su frustración con el cortador:
—¿Estás sordo? ¿No oíste a Yeison? ¡Empieza a cortar de una vez!
El cortador rodó los ojos con despre