Todos los niños ya se habían dormido y la señora Roberts ya estaba cabeceando. Amanda permanecía despierta, con la anticipación creciendo dentro de ella. Miraba su teléfono repetidamente, comprobando si había mensajes de la señora Laura. El señor Kenny tampoco la llamó.
El silencio era ensordecedor y la ansiedad comenzó a infiltrarse. Ya no podía contenerse más. Despertó a su madre.
—¡Mamá!
La señora Roberts se despertó de inmediato. Tenía la intención de ver el plan hasta el final antes de que