MARION
“Señor Whitfield”, me saludó el jefe de proyecto en cuanto bajé del coche. Parecía orgulloso, como quien lleva toda la mañana dando buenas noticias. “Hemos terminado. La estructura está terminada. Solo faltan la pintura y los últimos retoques”.
Lo seguí al interior, con el eco de mis zapatos contra el suelo de mármol llenando el espacio. Recorrí con la mirada la imponente entrada: la piedra pulida ya relucía, los altos techos tallados con intrincados patrones, las lámparas de araña aún e