DEMETRIA
Unas semanas después…
—¡Bienvenido a México! —grité, abriendo los brazos en cuanto el aire cálido me rozó la piel. El sol aquí tenía una forma de envolverte: brillante, dorado, vivo. La música de mariachis y el parloteo de la gente inundaban la terminal, y al instante me sentí como en casa.
—Te oigo perfectamente, no hace falta que grites, Wildfire —bromeó Marion, sonriéndome con suficiencia. Dios, se veía tan bien: pantalones cortos caqui, una camisa de verano impecable y gafas de sol