DEMETRIA
“Viajo el martes. Lo hablamos a mi regreso. La reunión de hoy es impostergable”, dijo Marion, sentado a la mesa del comedor, con el teléfono pegado a la oreja. Ya había recogido su plato y seguía desvestido.
Me miró a los ojos y me hizo un gesto con el dedo para que me acercara. Dejé mi bolso en el asiento junto a él y me coloqué entre sus piernas. Pero antes de que pudiera decir nada, me atrajo hacia su regazo, llenándome el cuello de besos. Mejor no empezara, acababa de vestirme.
“Ma