—Puedo vernos morir, ¿Lo estamos? —susurré.
—Sé exactamente lo que quieres mostrarme —dijo suavemente cerca de mi mejilla.
—Sé que eres bueno… sé que eres realmente bueno —mi voz se volvía un suave jadeo, la de Adrián seguía mi camino.
—Has silencio —me pidió. Él intentaba seguir descifrando mis secretos, en acto seguido me acercó más hacia él sin despegar su mano del sitio donde estaba, hasta que inesperadamente sentí su boca situarse sobre la mía; dulce, sensual e hipnótica. Experimente como