Victoria
Había optado por el silencio, era mejor que dar explicaciones que me condenaran ante los oídos incrédulos de mi padre. En el auto no hizo más que hablarme sobre lo sucedido, empleando palabras suaves, pero no se puede embellecer lo que por naturaleza es tosco. Mi mente evocaba a Adrián y mientras lo hacía, mis ganas de vivir resurgían. Me aferré al relicario y lo apreté con fuerza, me lo había colocado en su honor. Las palabras de mi padre cesaron al ver cómo me aferraba al dije.
—Nunc