No podía negar que estaba algo nerviosa, una simple salida al centro comercial había dado un giro a lecturas de cartas.
—Pónganse cómodas —dijo una voz femenina que salía detrás de un de unas cortinas rojas traspasadas por la luz de las velas.
—¿Segura que quieres continuar con esto?— le susurré a Emily, pero no logró contestarme, ya que de la nada salió la mujer que nos había invitado a ponernos cómoda, se trataba de una dama joven más o menos de treinta y cuatro años.
Tenía el cabello largo