—Estoy agotada… Tan agotada —repetía mi mente una y otra vez mientras me adentraba en un sueño profundo que me llevaba más allá de mi realidad.
—¡Oh! Mi pequeña niña triste… Mi hermosa Victoria —exclamaba entre susurros una voz que era inconfundible para mí.
—¡Abuela!
—En toda esta miseria, está lo que verdaderamente amas… Pero lo que odias también. Anda mira con avidez —sus palabras eran como acertijos inconclusos, no las podía interpretar ni entender.
—Observa con avidez —me repetí, tratan