Se notaba que esta iniciativa le costaba, por lo que me había dicho el tío Gustavo y por mi intuición, percibía que mi papá no tocaba desde que mi madre murió.
—Me he decidido.
Me eché a un lado de la cama, él se sentó cerca de mí, pero a la vez con el espacio suficiente para poder tocar el instrumento. No podía negar que estaba emocionada, era un matiz que no conocía de él, pero por muy alegre que me sintiera en ese instante deploraba dentro de mí que esta noche cerraría mágica y dolorosa a l