Fingí una terrible jaqueca para no bajar, mi padre fue mi cómplice, él tampoco quería que el resto de la familia me vieran los ojos, sin duda se alarmarían; aunque fuese por esta noche lo ocultaríamos, así que se ofreció a subirme la comida. Cuando estuvo nuevamente en mi habitación no podía evitar mirarme las pupilas, su cara manifestaba transformaciones de todo tipo, de preocupación pasaba al disimulo, hasta en un momento su cara mostró histeria, luego venía una vez más las olas de sondeos de
LEFenix
Poco a poco no vamos acercando al punto más crucial… Sorpresas llegan que sorprenderán.