—Por lo menos espero que aun te gusten los chocolates de tu abuela —esa frase me sacó del trance de mis pensamientos.
—¿Los chocolates de mi abuela?
—Si Victoria, eso dije ¿No me estás escuchando?
—Si papá, solo que suena extraño cuando mezclas a mi abuela en unas de tus oraciones, no es propio de ti —mi padre arrugó la frente.
—En fin, ella te mando este cofre.
Mi pecho se hinchó de alegría, tomé rápidamente la caja, hasta que una curiosidad atravesó mi mente como una flecha.
—¿Mi abuela