—¡Victoria, que obsesión la tuya de mirarte tanto tiempo en el espejo!— me reclamaba Emily desde el otro lado de la habitación— Mejor apúrate o vamos a llegar tarde a clases.
Ella tenía razón, pero no podía evitar el asombro que experimentaba cada vez que miraba mi reflejo; en mi rostro encontraba similitudes de la joven que había visto hace cuatro años en el invernadero; no éramos idénticas, sus ojos eran oscuros y los míos azules, aun así, ella y yo parecíamos familia. Cada vez que la recorda