La mañana en la mansión de Cale era mucho más tranquila que las de las últimas semanas. No había llamadas de emergencia, ni pasos apresurados de los guardias, ni caras tensas que hicieran sentir a Lydia que algo terrible podía pasar en cualquier momento.
Por primera vez en mucho tiempo, podía sentarse en el comedor y disfrutar del desayuno sin sentir la necesidad de voltear cada vez que oía un ruido afuera.
Por desgracia, no parecía ocurrirle lo mismo a Cale, quien se le adelantó cuando Lydia ib