—No —dijo Lydia en voz baja. En su mirada se notaba que no podía creer lo que su esposo acababa de decirle—. Es mentira, ¿verdad?
Cale se quedó de pie, inmóvil; el celular le colgaba inerte de la mano. Las últimas palabras de Daven seguían resonando en su mente por mucho que intentara apartarlas.
—Cale —volvió a llamarlo Lydia—. ¡Dime que todo es mentira!
Lydia se quedó mirando a su esposo sin parpadear. El corazón le latía con tanta fuerza que le dolía. Todavía esperaba que todo fuera un malent