—Con permiso.
Un doctor entró acompañado de dos enfermeras que llevaban equipo médico. En cuanto vio a Lydia sentada al borde de la cama, ya sin la vía puesta, arrugó la frente.
—Señora Miller —dijo en tono firme—, parece que llegué justo a tiempo. Creo que todavía debería estar descansando en la cama.
El doctor sonrió, pero enseguida desvió la mirada hacia la mano de Lydia, donde el sitio de la vía todavía sangraba.
—Y también veo... que nos queda un poco de trabajo pendiente antes de dejar que