Vincent mantenía la vista fija en la pantalla de la tableta, que en ese momento solo mostraba la vieja puerta de madera, bien cerrada. Sin darse cuenta, apretó los dedos junto al cuerpo.
—Si de verdad se trata de la señora Lydia, no tenemos mucho tiempo, señor.
Cale guardó silencio.
No apartaba la mirada del edificio oculto tras los árboles frondosos. Nadie se atrevió a romper el silencio. Todos los miembros del Dragón Negro esperaban la decisión que solo un hombre podía tomar.
—¿Entramos ahora?