El aire matutino seguía frío cuando el auto negro de Cale dejó atrás las afueras de la ciudad. El tránsito comenzaba a intensificarse, pero él no prestaba atención a los vehículos a su alrededor. Mantenía la mirada fija en el camino. El papel que Hector le había entregado unos minutos antes seguía cuidadosamente doblado en el bolsillo de su abrigo negro. Desde que salió del café, casi no había pronunciado palabra. Solo podía pensar en una cosa.
Lydia.
Unos veinte minutos después, el auto entró e