—¿Adónde me llevas? —preguntó Naomi con la mirada fija y severa.
El hombre a su lado, don Falcon, la miró de reojo y le dedicó una sonrisa.
—Tranquila. ¿Tantas ganas tienes de bajarte del auto y quedarte a solas conmigo?
Naomi suspiró con desprecio.
—¡Eres un imbécil sin remedio!
Falcon se rio.
—Maldíceme todo lo que quieras, Naomi. Nadie va a venir a salvarte. Ni siquiera Chris. ¿O... Cale? De seguro está ocupado buscando a su esposa. No a ti.
Sintió una mezcla abrumadora de irritación y furia.