—¡Muévete! —ordenó uno de los hombres que había bajado antes.
—¡No! —Naomi se negó y sostuvo la mirada de Falcon con todo el valor que le quedaba.
—Ah, ¿sí? —Falcon se acercó y, con un rápido movimiento, la tomó en brazos para echársela al hombro. No la trataba como a una mujer, sino como si cargara un objeto que ya le perteneciera.
Falcon no prestó atención a las protestas de Naomi. Con la joven sobre el hombro, avanzó con paso firme hacia el interior del viejo edificio. Naomi no dejaba de forc