A la mañana siguiente, el ambiente en la mansión parecía normal.
Los sirvientes seguían yendo y viniendo con las bandejas del desayuno. Una suave música instrumental se oía a lo lejos desde el salón principal. Hasta el jardín trasero se veía tranquilo, con los trabajadores cuidando las plantas, atareados como cualquier otro día.
Aun así, Naomi seguía notando la diferencia. Ahora había más guardias apostados por toda la propiedad.
Varios hombres vestidos de negro se turnaban para patrullar los te