Lydia también se había acostado temprano y, aun así, no lograba dormirse sin antes asegurarse de que su esposo estuviera bien.
En cuanto vio a Cale avanzar deprisa por el pasillo junto a Vincent, su expresión se tensó.
—¿Qué pasó?
Cale se detuvo y la miró. Pero, antes de que pudiera responder, desde el fondo del pasillo se escuchó una voz entrecortada por la radio de uno de los guardias.
—La zona trasera está asegurada.
—Asegúrense de que no queden puntos ciegos —ordenó Vincent con firmeza.
Lydi