Las luces de la residencia de los Evermont seguían encendidas, aunque la mayoría de los invitados se había marchado hacía rato. El ambiente en el estudio de Silas distaba mucho de la elegancia y la hospitalidad que él había mostrado durante toda la velada.
La copa de cristal que había usado para atender a los invitados yacía descuidada sobre el escritorio. Silas ya se había quitado el saco, y la corbata, que solía llevar impecable, le colgaba floja del cuello. Llevaba las mangas de la camisa arr