La puerta se cerró suavemente a sus espaldas.
La sala que la Fiscalía les había preparado no era grande, pero sí acogedora, con un sofá de dos plazas, una mesita, un dispensador de agua y una ventana esmerilada que dejaba pasar la luz sin revelar nada del exterior. Al menos quedaba lejos de las cámaras y los reflectores. El ruido se amortiguaba y la presión aflojaba.
Y lo más importante era que se trataba de un espacio lo bastante seguro para hablar como esposos, no como protagonistas de la noti