En la casa de los Miller reinaba la calma. Althea intentó relajarse y se sumergió en una de sus novelas favoritas, hasta que su celular sonó varias veces y la sacó de la lectura.
Al ver el nombre de Arven en la pantalla, Althea se tensó. Contestó antes de que terminara de sonar.
—¿Sí, Arven?
—Señora Althea —dijo, midiendo cada palabra—. Necesito decirle algo.
A Althea le bastó escucharlo para incorporarse.
—¿Qué pasó?
Arven guardó una breve pausa antes de seguir.
—El señor Daven… está siendo int