—Voy a ir a la Fiscalía.
Althea habló con voz pareja, pero decidida. Estaba de pie en la sala, con el celular todavía en la mano, esperando la respuesta de Arven al otro lado de la línea. Lydia ya cuidaba a Josh y a Grace, que parecían empezar a olvidar lo que había pasado esa mañana.
Pero Althea no podía quedarse quieta. Necesitaba ver a su esposo. Necesitaba saber cómo estaba.
—No, señora Althea —respondió Arven con tensión—. No se lo aconsejaría.
—Arven. —Althea tomó aire un instante—. No te