La sala familiar quedó en silencio después de la última pregunta de Althea. Nadie habló. Lydia miraba a Althea con incredulidad, mientras Althea no apartaba la vista de su esposo, esperando la respuesta que necesitaba desde hacía días.
Por desgracia, Daven prefirió guardar silencio. Se recostó en el sofá, sereno, aunque apretó la mandíbula; se contenía para no decir algo mucho más duro que una simple explicación. Lydia los observaba a uno y a otro, percibiendo la tensión muda que pesaba en la ha