Cuando llegaron a casa, el ambiente estaba mucho más silencioso de lo habitual; todos podían respirar tranquilos en ese espacio.
Lydia se fue derecho a la cocina sin decir mucho. Se arremangó, desempacó las bolsas del mercado y se puso a trabajar con movimientos eficientes. No hubo quejas ni dramas, y cada vez que el personal le ofrecía ayuda, ella la rechazaba.
Solo quedaban los sonidos suaves. El cuchillo golpeando contra la tabla de cortar, el agua corriendo con calma, las ollas colocadas co