Cale cerró la última carpeta y la deslizó por el escritorio hacia Arven.
—Es suficiente. Lo demás lo leeré después.
Arven asintió.
—Si necesita...
—Lo sé —cortó Cale, seco.
Ya estaba tomando su saco cuando el celular le vibró en el bolsillo. Llegó un mensaje.
“Ya estoy en el vestíbulo”.
Cale chasqueó la lengua y tecleó rápido.
“Cinco minutos. No te desaparezcas antes de que baje”.
Sabía qué clase de persona lo esperaba abajo. La paciencia no era el fuerte de Lydia. Un minuto de retraso y podía i