Unas horas antes del incidente.
Un suave tintineo de utensilios resonaba desde la cocina cuando Selena abrió el refrigerador casi vacío.
—No hay nada para preparar el desayuno —murmuró, todavía medio dormida. Echó un vistazo a la puerta de la habitación de Eli, que seguía firmemente cerrada.
—Supongo que Eli no se quejará si hago sándwiches esta mañana —susurró con esperanza, rogando que la adolescente no protestara por lo que fuera que preparara. Hasta que llegara el momento adecuado, no podía