Los sollozos de Althea no se habían detenido cuando un golpe resonó en la puerta principal. Desde que llegó aquella llamada espantosa, Lydia no se había apartado de su lado. El ama de llaves se apresuró a abrir, y allí estaban Riana, Daniel y Chris, los tres pálidos y desencajados, como si la noticia acabara de irrumpir en su mundo igual que una tormenta.
—¡Althea! —Riana se acercó a toda prisa y la rodeó con fuerza entre sus brazos—. Me enteré de la noticia… Dios mío, no sé ni qué pensar… ¡no s