—Está bien. Prepárame una cena especial —dijo él con calma—. No llegaré tarde esta vez.
¿Qué?
Definitivamente algo no estaba bien con él ese día. Pero en lugar de asustarla, ese comportamiento tan extraño solo hizo que Althea sintiera que el pulso se le aceleraba. Sintió un nudo en la garganta, le empezaron a arder las mejillas y no pudo evitar bajar la mirada, como si él estuviera ahí mismo frente a ella, viendo cada una de sus reacciones.
—Es... está bien. Prepararé algo especial.
—Bien. Regre