Los pasitos de Josh resonaban con un ritmo alegre, mientras Daven permanecía inmóvil, observando esa pequeña espalda alejarse. Todo en él gritaba, le suplicaba que dijera la verdad: que Josh era su hijo, su sangre. Pero las palabras se le atoraron en la garganta, ahogadas por la amarga realidad.
Chase miró por encima del hombro y asintió una sola vez. Un recordatorio silencioso de que le había dado una oportunidad a Daven, y eso era todo lo que obtendría.
Daven le devolvió el gesto, apenas un as