Unas horas antes de que Vanessa y Daven hablaran por teléfono.
—Esto... esto no puede estar pasando —susurró Vanessa con la voz temblorosa. Sus ojos se negaban a apartarse de la pantalla donde Daven aparecía de pie, y sus palabras le zumbaban en los oídos como un enjambre implacable. Sin embargo, en el fondo lo sabía: él no mentía.
Su esposo había solicitado el divorcio. En público. En una transmisión en vivo. Y peor aún: había expuesto la razón ante todos.
—No —murmuró, negando con la cabeza de