La cara de Vanessa era un desastre. Las lágrimas le resbalaban por las mejillas, pero en lugar de compasión, los reporteros celebraban la escena, capturando cada gota como prueba de su caída.
Entonces, de pronto, la transmisión cambió otra vez. La imagen de Vanessa desapareció, reemplazada por el reluciente vestíbulo de un imponente edificio. El enorme logotipo del Grupo Callister se alzaba orgulloso al fondo.
La sala quedó en un silencio sepulcral. Todas las miradas se clavaron en la pantalla,