—Tengo ganas de volver a Solaviz —murmuró Daven, aún apretando los resultados de la prueba en la mano.
—No creo que sea posible —intervino Arven—. No quiero arruinarle el ánimo, pero… tiene mucho que resolver en la oficina. Ya le envié por correo el itinerario actualizado y varios reportes del proyecto de Solaviz. El alcalde Harold está muy entusiasmado con la colaboración. Puede revisarlos mañana.
Daven suspiró y se quedó en silencio.
—Me estás arruinando el momento —masculló.
—Discúlpeme.
Una