Apartó la mirada de Brandon y la dirigió hacia la urna negra que todavía descansaba en el centro de la mesa.
—No te creo.
El hombre habló en voz baja, casi en un susurro.
—¿Dónde está mi hijo?
Repitió la pregunta, esta vez sin gritos ni enojo. Solo era un padre que aún esperaba que su hijo mayor cruzara la puerta y dijera que todo aquello no era más que una broma cruel.
Brandon tomó la urna negra con ambas manos y le quitó la tapa despacio.
Clic.
El sonido, aunque leve, resonó con desconcertante