Un instante después, Brandon tenía una pequeña pistola en la mano. No apuntó a nadie ni la alzó como una amenaza.
Con una calma casi inquietante, Brandon colocó el arma sobre la mesa y luego la deslizó despacio hacia adelante, hasta detenerla frente a Juan. El metal negro giró hasta quedar inmóvil junto a la urna con grabados dorados. La escena era tan extraña como aterradora.
Una urna y una pistola descansaban una al lado de la otra sobre la mesa del comedor familiar.
—¿Qué significa esto? —pre