—El presente es lo único que importa, Harriet. —dijo Damien, y la besó, esta vez con más pasión.
Harriet se entregó al beso, dejando que su sabor la distrajera del dolor. Damien la levantó en brazos y la cargó, subiendo las escaleras que conducían a su habitación. Mientras caminaban, sus labios seguían unidos, porque lo único que deseaban era saborear los cuerpos del otro.
—Ya era hora —pensó Damien mientras abría rápidamente la puerta y la colocaba suavemente sobre la cama.
Se separó del beso